JUVENTUD

Aquí os mostramos algunos de los relatos incluidos en el libro.

Gasa,  glamour  y diamantes” por  Mayte Albero (2011)

 Editorial ChocolateLas películas de los años 50 y 60 retumbaban en su retina como imagen del elegante pasado de la ciudad que nunca duerme: Nueva York.

Ella deseaba pasear por esas enormes avenidas, por aquellos edificios tan altos, coger esos taxis amarillos, subir hasta lo alto de los rascacielos, visitar museos, contemplar  las luces de Times Square, y por supuesto, su Desayuno con Diamantes.

Así que, cuando llegó el momento, estaba  totalmente preparada. Se había puesto su vestido rosa de gasa y su estola de visón  traida para la ocasión. Al amanecer compró un café y un croissant y se paró a desayunar delante de la joyería Tiffanys en la famosa Quinta Avenida tras  unas enormes gafas de sol de  Chanel…

Por primera vez no soñó. Allí fue bella, etérea… un revival  de su propia fantasia.

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“La prima Pilar” por  Mª Luz Bocanegra  (2012)

Editorial ChocolateEra la más alegre, la más bonita de las tres hermanas, la que yo más admiraba con mis ojos de niña y a la que yo trataba de imitar. Era la prima Pilar.

Los veranos me llevaban a menudo a la finca de mis tíos en el campo. Allí, a la sombra de unos viejos castaños, se sentaban las tres hermanas, siempre con una labor entre las manos. Mi prima favorita bordaba, sujetaba con destreza el bastidor y delicadamente hacía entrar la aguja en la tela de la que poco a poco surgía el bordado. Eran las sábanas de su ajuar de novia.

Algunas veces me daba un trozo de tela y yo trataba de coser, pero tras enredar varias veces el hilo, desistía, con la sonrisa comprensiva de mi prima.

Un día abrió un armario y me mostró orgullosa todas las piezas maravillosas que había realizado. Aún hoy,  recuerdo el tacto de la tela bajo mis pequeñas manos.

Pero un buen día apareció Pedro. Había regresado del servicio militar y venía conduciendo su Vespa, un extraño corcel metálico para aquel rubio príncipe. Esperaba casi cada día a la puerta de la casa con el motor en marcha que mantenía encendido acelerando de vez en cuando. – Brmmm. Brmmm.

Entonces ella salía sonriendo, ataba con gracia su pañuelo bajo la barbilla, se colocaba sentada de lado detrás de él y arrancaban despacio mientras yo me quedaba allí mirando como el vuelo de su falda floreada desaparecía vaporosa flotando a lo lejos.

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